LA
OVEJA NEGRA…
Prólogo
Hace mucho tiempo, cuando el sol y la luna aún eran amigos, y la noche y el día jugaban a esconderse guiados por la luz de las estrellas, cuando las ramas de los arboles danzaban y reían las gracias del viento. Entonces… cuando no existían las tinieblas y el mundo aún conservaba su color, conocí a dos jóvenes muchachas de gran soltura. Eran dos, pero parecían tan solo una… no les unía la sangre, pero sus rostros mantenían el mismo semblante y la luz que sus ojos desprendían, tenía el mismo matiz. Llevaban el pelo cortado a la misma altura, por debajo del pecho, y el flequillo recto, como su artista favorita. Decidieron cortárselo así cuando tenían 15 años, el día nueve de Septiembre a las 21:00 de la noche, mientras veían un concierto en la tele y cantaban a gritos la canción del momento. Su color favorito era el rosa, pero usaban más a menudo el azul. Compartían la ropa, a excepción de algunas camisas que tenían por igual. Celebraban sus cumpleaños comiendo en un restaurante italiano que se encontraba a dos manzanas del piso en el que vivían, después daban una vuelta por la ciudad y casi siempre acababan en el karaoke. Lo cierto es que ambas soñaban con convertirse en grandes artistas y disfrutaban grabando vídeos e imitando a diversos actores. Eran muy parecidas pero no eran hermanas, ni si quiera les unían los lazos de sangre, pero eso sí, siempre estaban juntas… Se conocieron en el parque mientras jugaban con las muñecas. Eran vecinas, pero solían turnarse de casa en casa para dormir la una al lado de la otra, y cuando crecieron, alquilaron un piso donde poder vivir las dos. Alicia y Clara, Clara y Alicia, esos eran sus nombres y se consideraban las mejores amigas del mundo. Pero al igual que tenían tantas cosas en común, había algo que las diferenciaba y eso… no era otra cosa que la suerte.
Clara Villanueva
Clara, a pesar de ser dulce y buena, era la más desgraciada. Su padre la abandonó cuando tan solo era un bebé, y desde entonces, su madre se pasaba el día entero trabajando para que ella pudiera tener una buena vida. Desde niña le agradeció que renunciara a su felicidad por darla una estabilidad, pero ciertamente lamentaba pasar más tiempo con sus niñeras, que con su propia madre. Era lista, ingeniosa y muy guapa, pero sus cualidades siempre quedaban ocultas ante la presencia de Alicia. Clara tenía un gran corazón y le gustaba ayudar a la gente. Una vez convenció a su amiga, para que donaran parte de su ropa a los niños pobres y se escaparon de noche a prestar sus servicios. La vida nunca le trató demasiado bien, al cumplir los 17, su madre enfermó y murió al poco tiempo, a los 18 se sacó el carnet de conducir y tuvo un accidente que le obligó a pasar un año entero en el hospital. Empezó bellas artes, pero nunca pudo acabar la carrera, así que se dedicó a repartir pizzas para sacar dinero. Admiraba muchísimo a Alicia, tanto que en ocasiones llego a envidiarla. No conocía el amor, si es cierto que una vez se enamoró de un chico, pero él, al mismo tiempo se enamoró de su amiga y dejo de verlo. La vida de Clara era bastante monótona, de casa al trabajo y del trabajo a casa, lo mejor que le podía pasar es que Alicia le pidiera ayuda para repasar los textos de la serie en que trabajaba, se sabía los personajes a la perfección, su manera de sentir, de pensar… incluso a veces se adelantaba a la trama y descubría sensaciones que su amiga no lograba encontrar.
Alicia Romero
Alicia en cambio, siempre tenía lo que deseaba, pertenecía a una familia adinerada en la que todos estaban muy unidos. Para su madre era su ojito derecho, para su padre la más hermosa de todas sus hijas, la primogénita, aquella a la que se prometió darle cualquier capricho. Estudió en los mejores colegios, sacaba las mejores notas. Era una buena chica, pero tan ambiciosa que no soportaba perder, y con una belleza tan espectacular que eclipsaba a los hombres con tan solo pasar por delante de ellos. Era fuerte, valiente y noble, y jamás permitía que se burlaran de sus seres queridos. Conseguía lo que se proponía y tanto es así, que lucho por conseguir el papel de la serie en la que trabajaba, arriesgando incluso su propia vida. Tenía fama, dinero, belleza y todo lo que pueda desear una mujer. Salía con su compañero de reparto, Miguel Fábregas, el galán que traía locas a las niñas y era muy muy feliz. No era mala persona, pero necesitaba de su amiga Clara, ella le ayudaba a ser mejor y aunque a veces, estar junto a ella aumentaba su ego, la quería de verdad, adoraba su bondad y confiaba en ella como en nadie. En varias ocasiones le ofreció dinero y la posibilidad de conseguir un trabajo mejor, pero Clara era orgullosa y quería alcanzar las cosas por sí misma.
Sí, eran grandes amigas, las mejores... con el tiempo descubrieron que estar siempre juntas tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, pero pronto se acostumbraron a ello. Quién las conocía a las dos sabía quién era la más fuerte y la más débil, la más guapa y la más fea... pero fuera quién fuera la cabeza pensante, Alicia salía ganadora en todas las apuestas.
Hace mucho tiempo, cuando el sol y la luna aún eran amigos, y la noche y el día jugaban a esconderse guiados por la luz de las estrellas, cuando las ramas de los arboles danzaban y reían las gracias del viento. Entonces… cuando no existían las tinieblas y el mundo aún conservaba su color, conocí a dos jóvenes muchachas de gran soltura. Eran dos, pero parecían tan solo una… no les unía la sangre, pero sus rostros mantenían el mismo semblante y la luz que sus ojos desprendían, tenía el mismo matiz. Llevaban el pelo cortado a la misma altura, por debajo del pecho, y el flequillo recto, como su artista favorita. Decidieron cortárselo así cuando tenían 15 años, el día nueve de Septiembre a las 21:00 de la noche, mientras veían un concierto en la tele y cantaban a gritos la canción del momento. Su color favorito era el rosa, pero usaban más a menudo el azul. Compartían la ropa, a excepción de algunas camisas que tenían por igual. Celebraban sus cumpleaños comiendo en un restaurante italiano que se encontraba a dos manzanas del piso en el que vivían, después daban una vuelta por la ciudad y casi siempre acababan en el karaoke. Lo cierto es que ambas soñaban con convertirse en grandes artistas y disfrutaban grabando vídeos e imitando a diversos actores. Eran muy parecidas pero no eran hermanas, ni si quiera les unían los lazos de sangre, pero eso sí, siempre estaban juntas… Se conocieron en el parque mientras jugaban con las muñecas. Eran vecinas, pero solían turnarse de casa en casa para dormir la una al lado de la otra, y cuando crecieron, alquilaron un piso donde poder vivir las dos. Alicia y Clara, Clara y Alicia, esos eran sus nombres y se consideraban las mejores amigas del mundo. Pero al igual que tenían tantas cosas en común, había algo que las diferenciaba y eso… no era otra cosa que la suerte.
Clara Villanueva
Clara, a pesar de ser dulce y buena, era la más desgraciada. Su padre la abandonó cuando tan solo era un bebé, y desde entonces, su madre se pasaba el día entero trabajando para que ella pudiera tener una buena vida. Desde niña le agradeció que renunciara a su felicidad por darla una estabilidad, pero ciertamente lamentaba pasar más tiempo con sus niñeras, que con su propia madre. Era lista, ingeniosa y muy guapa, pero sus cualidades siempre quedaban ocultas ante la presencia de Alicia. Clara tenía un gran corazón y le gustaba ayudar a la gente. Una vez convenció a su amiga, para que donaran parte de su ropa a los niños pobres y se escaparon de noche a prestar sus servicios. La vida nunca le trató demasiado bien, al cumplir los 17, su madre enfermó y murió al poco tiempo, a los 18 se sacó el carnet de conducir y tuvo un accidente que le obligó a pasar un año entero en el hospital. Empezó bellas artes, pero nunca pudo acabar la carrera, así que se dedicó a repartir pizzas para sacar dinero. Admiraba muchísimo a Alicia, tanto que en ocasiones llego a envidiarla. No conocía el amor, si es cierto que una vez se enamoró de un chico, pero él, al mismo tiempo se enamoró de su amiga y dejo de verlo. La vida de Clara era bastante monótona, de casa al trabajo y del trabajo a casa, lo mejor que le podía pasar es que Alicia le pidiera ayuda para repasar los textos de la serie en que trabajaba, se sabía los personajes a la perfección, su manera de sentir, de pensar… incluso a veces se adelantaba a la trama y descubría sensaciones que su amiga no lograba encontrar.
Alicia Romero
Alicia en cambio, siempre tenía lo que deseaba, pertenecía a una familia adinerada en la que todos estaban muy unidos. Para su madre era su ojito derecho, para su padre la más hermosa de todas sus hijas, la primogénita, aquella a la que se prometió darle cualquier capricho. Estudió en los mejores colegios, sacaba las mejores notas. Era una buena chica, pero tan ambiciosa que no soportaba perder, y con una belleza tan espectacular que eclipsaba a los hombres con tan solo pasar por delante de ellos. Era fuerte, valiente y noble, y jamás permitía que se burlaran de sus seres queridos. Conseguía lo que se proponía y tanto es así, que lucho por conseguir el papel de la serie en la que trabajaba, arriesgando incluso su propia vida. Tenía fama, dinero, belleza y todo lo que pueda desear una mujer. Salía con su compañero de reparto, Miguel Fábregas, el galán que traía locas a las niñas y era muy muy feliz. No era mala persona, pero necesitaba de su amiga Clara, ella le ayudaba a ser mejor y aunque a veces, estar junto a ella aumentaba su ego, la quería de verdad, adoraba su bondad y confiaba en ella como en nadie. En varias ocasiones le ofreció dinero y la posibilidad de conseguir un trabajo mejor, pero Clara era orgullosa y quería alcanzar las cosas por sí misma.
Sí, eran grandes amigas, las mejores... con el tiempo descubrieron que estar siempre juntas tenía sus cosas buenas y sus cosas malas, pero pronto se acostumbraron a ello. Quién las conocía a las dos sabía quién era la más fuerte y la más débil, la más guapa y la más fea... pero fuera quién fuera la cabeza pensante, Alicia salía ganadora en todas las apuestas.